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Desde Pina: el blog de Marisa Fanlo Mermejo

PAISAJE DE UNA CIUDAD, de Ángela Labordeta

“El Zaragoza ha perdido y mañana, lunes”, decía mi tío Miguel, y cuando lo decía pensaba en lo mucho que amaba al Zaragoza y lo poco que le gustaba ir a trabajar el lunes. Cuando mi tío decía esto el Zaragoza no jugaba en la Romareda, sino en un campo de Torrero que yo ni siquiera he conocido. Sé que si el domingo mi tío Miguel hubiera estado vivo, habría viajado hasta Mallorca y al acabar el partido habría dicho: “El Zaragoza a segunda y mañana, lunes”. Luego se habría metido en la cama y habría esperado a que las cosas adquirieran un color menos negro para continuar con el día a día.

 

“El Zaragoza, a segunda”. La frase resuena en los medios de comunicación, mientras la ciudad amanece un día más gris y húmeda. Porque desde que el señor Zapatero y los ilustres socialistas de Aragón decidieron decir sí al trasvase del Ebro, aquí no ha parado de llover. Ni aquí, ni en Cataluña, ni en Mallorca, y ya hay algún aragonés que habla de un conjuro contra el trasvase y otro para que el Zaragoza bajara a segunda.

 

Yo no estaba en Zaragoza. Estaba a unos cuantos kilómetros de casa y cuando mi padre y Santiago conocieron la noticia de que el partido se retrasaba a causa del agua, mi padre dijo: “Eso no va a traer nada bueno”. Creo que mi padre ama tanto al Zaragoza como mi tío Miguel, y por eso prefiere pensar que va a perder: para llorar menos si lo hace y ser inmensamente feliz si alcanza la victoria.

 

El domingo también llovía en Zaragoza. Por eso del conjuro contra el trasvase y para que los jugadores del Zaragoza mojaran la camiseta, aunque fuera a miles de kilómetros. A las siete Zaragoza era una ciudad detenida y a las nueve fue una ciudad desolada. Luego vinieron los informativos y una vez más Zaragoza en titulares con su bajada a segunda división. Minutos después nos llegaron desde Mallorca rostros empapados de agua y lágrimas, acabados, mientras los colores del Zaragoza se desdibujaban bajo tanta agua. Finalmente el silencio se impuso; nadie pudo romperlo.

 

Esta mañana Zaragoza era la ciudad de cualquier lunes. Los lunes las ciudades son caóticas y en Zaragoza el caos se acrecienta si llueve. Y aquí sigue lloviendo. Del Zaragoza, sin embargo, la gente prefiere no hablar. No lo ha hecho en el autobús, ni en los puestos del mercado, sólo en la cerrada intimidad: porque de lo que duele sólo se puede hablar en bajo y con muy pocos.

 

 Y en esa cerrada intimidad un niño de seis años llamado Gabriel y una niña de catorce llamada Lucía se deshacían en lágrimas sin entender por qué su Zaragoza, el que tantas alegrías les ha dado, había tenido que bajar a segunda. Su madre les consolaba diciendo que el Zaragoza volverá a estar en  primera, eso seguro, y Gabriel, al que sólo la subida del Ejea a tercera pudo finalmente arrancar alguna sonrisa, miró su madre y le dijo: “quizá no sea tan malo que hayan bajado a segunda porque el Ejea ha subido a tercera y eso significa que a lo mejor los del Ejea podemos jugar con los del Zaragoza”. Y con ese sueño se durmió: sus dos equipos cada día más cerca.

 

El Zaragoza ha bajado a segunda el mismo día que miles de aragoneses decían no al trasvase en L´Amposta. Hace cuatro años, recuerdo, mientras el Zaragoza ganaba la Supercopa a un Valencia humillado en Mestalla, conocíamos la decisión de derogar el Plan Hidrológico. ¡Cuánto han cambiado las cosas! Del paraíso al purgatorio y sin referente. Cada día más solos. Más tristes.

Publicado en El Mundo el 20 de mayo de 2008

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